Tu Ministerio es Único, ¡Defiéndelo!

Nuestro Ministerio es único; nadie más tiene un ministerio igual al nuestro. Dios en Su inmensa capacidad de crear dio diversidad de ministerios, cada uno con su forma particular que lo distingue y diferencia de los demás. No importa si es el ministerio de llevar la Palabra, cada predicador tiene su estilo, su forma, sus características que lo hace inigualable. Pero cada ministerio cumple su propósito porque a alguien en este mundo, le gusta ese estilo, y se siente bendecida por él.

Por eso no podemos menospreciar nuestra forma. No por ser diferente somos inapropiadas. No porque nuestro ministerio sea pequeñito no tiene valor gigantesco; tiene un valor gigante porque es el ministerio que Dios nos ha dado. Es nuestro, único, diferente, y Dios no los encomendó, y está confiando que no lo engavetaremos por ser pequeño, que no sentiremos miedo por la intimidación que produce el ver ministerios grandes, que no lo vamos a despreciar, a desvalorar, y mucho menos, a comparar.

No hay nada que lastima más un ministerio que la comparación. Algunas veces cuando escucho a predicadoras que admiro como Nancy Leigh DeMoss y Priscilla Shirer me siento tentada a decir: Dios, si yo pudiera hablar como ella. No está todavía terminado ese pensamiento en mi mente y en mi boca, cuando ya Dios me está diciendo: No puedes hablar como ella, ni quieres, porque tú debes hablar como Nerlyn Domínguez. Dios siempre me recuerda que soy creada por El, que mi forma es la que El determinó para mí, y El no quiere que yo me parezca ni imite a nadie, y mucho menos me sienta inferior a nadie, porque El me hizo, y El desea ver a Nerlyn Domínguez como El la formó. El único cambio que debo procurar es el cambio que Dios desea hacer en mi vida, para perfeccionar mi carácter, y llegar a ser perfecta como el Señor Jesús.

Y lo mismo es cierto para ti. No puedes compararte, ni desear otro ministerio, ni que tu ministerio sea cómo el de alguien más. De ser así, estaríamos faltando a Dios quién deseó el hacernos quien somos, y el darnos lo que tenemos. Lo único digno que podemos hacer es atesorar lo que Dios nos ha dado, y abrazar el ministerio que El nos ha dado, aceptarlo con su forma, con su estilo, porque esa forma, ese estilo, alguien lo va a necesitar. Si dejamos de ser nosotras mismas, afectaremos a alguien, y si dejamos de dar lo que tenemos, alguien va a estar en carencia.

El Apóstol Pablo le dijo a Timoteo:

“Pero tú debes mantener la mente clara en toda situación. No tengas miedo de sufrir por el Señor. Ocúpate en decir a otros la Buena Noticia y lleva a cabo todo el ministerio que Dios te dio.”  2 Timoteo 4:5 NTV

Por eso, debemos defender nuestro ministerio. Dios quiere, está esperando, desea profundamente, que nosotras pongamos por obra el ministerio que El nos ha dado. El quiere que llevemos a cabo lo que nos ha encomendado. Debemos analizar lo que nos está deteniendo. ¿Por qué aún no lo ponemos en marcha? La única cosa que nos puede detener es Dios mismo, cuando El nos dice, no todavía, aún tengo algo que hacer antes de que comiences, aún hay una ficha que tengo que mover, o aún te estoy preparando, un poco más y ya estarás lista. De no ser así, las muchísimas otras razones que tenemos para no comenzar, están en tela de juicio, son cuestionables, debemos analizarlas en oración junto a Dios, y pedirle a Dios nos lleve a comprender las causas que nos detienen, y si no provienen de Dios, debemos eliminarlas.

“Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.” 2 Timoteo 1:7 NTV

Lo único que necesitas para comenzar es el brazo poderoso de Dios, junto a Su poder, Su provisión, y Su guía, tendrás todo lo que necesitas; se irá abriendo el mar delante de ti mientras vayas marchando. No dejes engavetado tu ministerio por ninguna razón. Cuando Dios te diga: Marcha, tú da el primer paso, y el mar se abrirá delante de ti.

Tu ministerio es único, ¡defiéndelo!

 

Dios te bendiga,

Una mujer que lucha por el suyo,

Nerlyn Domínguez

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