Nuestro Tiempo Con Él

¿Cuál es el valor del tiempo? ¿Si tuviéramos más tiempo, en qué lo usaríamos? ¿Cuándo nos acostamos en la noche, cansadas y con una lista en nuestra cabeza de las cosas que quisiéramos realizar mañana, deseamos poder contar con más tiempo? Y si mañana, milagrosamente, se le aumentaran más horas al día, ¿qué haríamos con ellas? ¿Limpiaríamos los closets, organizaríamos los estantes, contactaríamos a viejos amigos, trataríamos la receta complicada que por falta de tiempo nunca hacemos?

Valoramos mucho nuestro tiempo, y se lo entregamos a las cosas y personas que tienen más valor para nosotras; además, siempre que hacemos una actividad, consideramos su ganancia. ¿Qué valor o que ganancia tendré al pasar tiempo con ese ser querido, al ir a cierto lugar, al acceder a emprender un proyecto, o al realizar cualquier acción? Todo, todo, todo, consume nuestro tiempo, y se lo daremos, primeramente, a las cosas a las que estamos obligados, seguido por las que debemos, y por último, a las cosas que más laten en nuestro corazón.

Pero, ¿tendremos también tiempo para Dios? De hecho, ¿cuánto tiempo ocupa Dios en nuestra vida? ¿Cuánto de nuestro tiempo le entregamos? No hablo del sutil pensamiento que va con nosotras en la mañana mientras manejamos al trabajo y le entregamos nuestro día, o en los momentos antes del almuerzo que decimos: Gracias, Señor, por estos alimentos, o de los tiempos que antes de cerrar los ojos cansados, decimos: Dios, gracias por este día, mañana permíteme hacer, esto, esto otro, y aquello. No, no hablo de esos minúsculos espacios de tiempo donde intercalamos a Dios entre los ajetreos de nuestros días, no hablo de los espacios apurados donde sabemos que debemos poner la mirada en el Cielo en busca de paciencia, de ayuda urgente, o de auxilio para salir de cierto apuro donde nos metimos.

Hablo del tiempo deliberado y con anticipación preparado, donde nos proponemos pasar tiempo con Él. Hablo del tiempo reservado solo para Él y nosotras, separado a propósito como si se tratara de una cita arreglada y deseada para encontrarnos con nuestro Amado. Se trata del tiempo que anhelamos como se anhela una entrevista con alguien que amamos, y que no vemos por un largo rato. De esos tiempos donde ya hemos pensado en nuestra mente de las cosas que le queremos contar, de los secretos íntimos que nos gustaría que se enterara, y de Sus secretos escondidos que queremos que nos dé a conocer.

¿Cuánto valor tiene Su Presencia para nosotras? ¿Lo suficiente para separar tiempo para estar a solas con Él, sin que nada más nos disturbe, sin que nadie más deba ser atendido, sin que nada nos robe toda la atención, ni siquiera, la larga lista de cosas que queremos cumplir que dan vueltas en nuestra mente? A veces, a pesar de estar físicamente quietas, los pensamientos de nuestra mente nos roban la quietud interna y nos impiden permanecer 100% en Su Presencia.

Ese tiempo debe ser especial, reservado como es reservado la más importante de las citas en nuestra opinión. ¿Qué tal si recibes la invitación para estar una hora con un rey ? Imagínate todos los preparativos que harías, de la forma que arreglarías tu pelo, las uñas, y que escogerías tu vestido. Llegaríamos temprano a la cita, no queriendo que nada ni nadie nos robe el especial momento de experimentar una hora junto al rey.

Nosotras podemos a nuestra voluntad, sin que nadie nos invite, sin que llegue un sobre real a nuestra casa, apuntar en nuestra agenda, marcarlo con colores llamativos, hacerle flechas para no pasarlo por alto, y añadirle recordatorios a nuestro calendario electrónico, una cita con el Rey del Universo.

Ahora, debemos pensar en las ganancias de esta cita. ¿Para qué quiero yo otra cita en mi calendario, esta vez, con Alguien que no puedo ver? Entre tantas cosas que tengo que hacer y cumplir, entre tantas cosas que quiero y que se esperan de mí, ¿para que añadir una más? ¿Qué gano con tener una cita, un tiempo a solas, un tiempo de calidad, sin nadie más, sin nada más ocupando este espacio y lugar?

Una cita con Él, un tiempo en Su Presencia, una hora con el Rey, puede hacer que todo cambie en nuestra vida para bien. Solo pensemos por un momento, que quien viene a nuestro encuentro es el Creador de todo el Universo, que siempre está disponible, y que, además, está deseando fervientemente que nosotras le busquemos. ¿Qué es mejor, una cita con el más importante de los hombres del mundo, o con el Creador, que todo lo puede, que sabe todo de mí, y que está dispuesto a mover cielo y tierra para darme todo lo que necesito y quiero, siempre que sea bueno para mí? Definitivamente, yo quiero una cita con Él. ¿Qué tal, tú?

Dios te bendiga, especialmente, en los tiempos que apuntes en tu calendario, y donde mantengas tu cita.

Devocional

Este es el comienzo de una Serie de Devocional que he llamado Nuestro Tiempo con Él, donde conoceremos la historia de cinco mujeres excepcionales que lograron grandes cosas y alcanzaron sus promesas por pasar tiempo en Su Presencia. Ellas no escatimaron el tiempo que le dieron a su Rey, ellas no reservaron ese tiempo para nada ni nadie más, ellas supieron identificar el gran valor, la inmensurable ganancia, las ricas bendiciones y el poderoso cambio que traería a sus vidas, un encuentro con el Rey del Universo.

Sígueme en esta serie para descubrir los beneficios de nuestros tiempos a solas con Dios y ser motivadas a pasar Nuestro Tiempo Con Él.

Con gran amor y gran expectativa del impacto que esta serie causará en tu vida y la mía,

Nerlyn Domíguez

 

4 thoughts on “Nuestro Tiempo Con Él

  1. Mirna says:

    Me encanta este escrito!!! Nerlin no hay tiempo más preciado que el que disfrutamos en su presencia porq ese tiempo puede cambiar toda una vida!!
    Tus palabras son como música ? a mis oídos…
    Que Dios te siga bendiciendo con esos dones maravillosos ???

    • Nerlyn Dominguez says:

      Así es, Mirnita, un tiempo con Él y pueden cambiar tantas cosas!! Hay tanto poder para nosotras disponibles en Él que sí lo buscaramos ante todo lo demás, seríamos mujeres con tanto poder e influencia para lograr cosas asombrosas, en nuestra vida y en la de los demás. Dios te bendiga mucho y te use mucho con los dones maravillosos que te dio.

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