Elizabet Alcanzó Su Promesa

Cuando se cumplió el tiempo para que naciera el bebé, Elizabet dio a luz un hijo varón. Todos sus vecinos y parientes se alegraron al enterarse de que el Señor había sido tan misericordioso con ella. Lucas 1:57-58

Elizabet, sin dudas, una mujer que vivió para Dios; una mujer que le sirvió con su vida, que lo honró, que aprendió a ser la mujer virtuosa que Dios la llamó a ser. Ella era de la familia sacerdotal de Aarón, casada con Zacarías, también de la familia sacerdotal, ambos entregados a una vida de servicio a Dios. Ya ancianos, pero con un deseo en su corazón, la de tener descendencia, un bebé para cuidar y ver crecer, un niño que se convertiría en hombre, dedicado también al servicio a Dios.

Elizabet ardía en su corazón por la llegada de un bebé a sus brazos, pero ya se iba haciendo tarde, casi imposible, de hecho, ya imposible para el mundo humano. ¿Cómo concebir un hijo a estas alturas de su vida? ¿Sufriría ella por su promesa no cumplida? ¿Sabría ella en su corazón que un día llegaría? ¿Aguardaría con paciencia, sin permitir que su sueño muriera?

Aun por la angustia de no ser mamá, aun por la desesperanza de ver los años pasar y su gran anhelo sin cumplir, Elizabet fue siempre una sierva del Señor. Igual, sabría que fuera de Dios, toda promesa, todo sueño, todo anhelo se vuelve imposible de cumplir, y que solo en Dios está guardada nuestra esperanza. Igual, aun sin ver sus sueños realizar, ¿qué podría ganar estando fuera de la voluntad de Dios? ¿Qué podría obtener de bueno, fuera de Su Presencia? Por eso, Elizabet nunca dejó a un lado, la gran Presencia que la sostenía.

Por el contexto narrado por Lucas, vemos una mujer entregada, fortalecida en la fuerza de su Dios, y buscándolo con la misma pasión de cuando era niña y creía en su corazón que todos sus sueños eran posibles en Él. Por tanto, aguardó por el cumplimiento de su promesa. ¿Cuánto tenemos nosotras que esperar para ver la nuestra? ¿Aguardaremos íntegramente sin perder las fuerzas? ¿Nos mantendremos buscando el rostro, la dirección, la fuerza de Su Presencia? ¿Pasaremos tiempo con el único que puede hacer posible nuestros sueños y llevar a cabo Sus promesas?

Elizabet lo hizo. Una mujer ya anciana, pero en la espera, con sueños sin cumplir, pero segura, estable, dispuesta. Ella siguió pasando tiempo en Su Presencia. Ella era justa a los ojos de Dios, era cuidadosa de cumplir todos Sus mandamientos y las ordenanzas de Dios. Esto implica para nosotras, mujeres del siglo XXI, que adoramos y servimos a un Dios que nunca cambia, que es el mismo aun con el paso de nuestros tiempos, que debemos permanecer en el estudio de Su Palabra; que debemos permanecer, cumpliendo Sus ordenanzas, que han sido dadas para guiarnos en el camino correcto que le agrada.

La vida de Elizabet nos sirve de ejemplo para creer y confiar, para seguir esperando por el cumplimiento de nuestros sueños sin separarnos de Su Presencia, para mantenernos confiando, sin perder las fuerzas, para mantenernos dedicando nuestras vidas a Él, al único digno y capaz; para nunca dejar de dedicarle nuestras vidas, de entregarle lo que somos, de rendirnos a Él, de satisfacerle su deseo de estar con nosotras, de pasar tiempo de calidad, cuidadosamente planeado, con nuestro Rey.

Y es allí, en Su maravillosa Presencia, que serán reveladas a lo profundo de nuestra alma, Sus promesas. Es allí, en los tiempos con Él, que lograremos conocer cómo fuimos por Él conocidas, quiénes somos para Él, qué desea de nosotras, qué planes nos tiene preparados, qué misión nos tiene reservada, qué proyecto nos tiene encomendado. Es en Su Presencia que descubrimos Sus planes para nosotras, y es en Su Presencia que recibimos las fuerzas para esperar el cumplimiento de Sus promesas.

Vivir una vida piadosa, agrandando al Rey, guardando Sus mandamientos, cumpliendo Su manual de vida entregado en la Biblia, y nunca descuidando los tiempos personales, íntimos, separados para Él, nos mantendrán con la postura correcta del corazón, con toda la fuerza, con Su dirección, para asegurarnos de vivir una vida que le sirve con el corazón, que le da toda gloria al Señor, y que nos lleva al cumplimiento de Sus promesas que son fieles y verdaderas, porque el Señor, es fiel a Su Palabra.

Te aseguro que mis palabras se cumplirán a su debido tiempo. Lucas 1:20, le dijo el ángel Gabriel a Zacarías.

Y a la virgen María le dijo, también:

Pues la palabra de Dios nunca dejará de cumplirse. Lucas 1:37

La Palabra que el Señor te dio, a su tiempo se cumplirá. Cree en ella, cree en Él, no temas ni se turbe tu corazón. Pon en Él toda tu esperanza, y nunca, nunca, descuides los tiempos maravillosos con tu Rey. Busca esos tiempos como tesoros escondidos, que solo tú tienes el poder de hacer cumplir. Dios ya espera a la cita, ya está listo para ti, apunta esa cita en tu calendario, y proponte, hacerla cumplir.

Una cita con tu Rey, tiene el poder, de que, a su debido tiempo, alcances, como lo hizo Elizabet, las promesas de Dios para ti.

Para una lectura completa de la historia de Elizabet, lee Lucas 1:1-66

Para leer la introducción a esta serie de Devocionales, te invito a leer Nuestro Tiempo Con Él.

Es mi deseo que seas inmensamente bendecida.

Que lo disfrutes mucho, y disfrutes tus tiempos íntimos con tu Rey.

Nerlyn Domínguez

2 thoughts on “Elizabet Alcanzó Su Promesa

  1. Nelva Jessie Ramos says:

    La espera no es fácil, más si lo esperado es importante y nos aflige la tristeza por esa espera. El Señor es consolador eterno, es nuestro cuidador y proveedor; aun cuando no comprendamos sus dilaciones. La confianza nuestra debe estar centrada en que ÉL sabe exáctamente qué necesitamos y qué es lo mejor para nosotros!

    • Nerlyn Dominguez says:

      Totalmente de acuerdo, amiga, así es.
      La espera no es fácil, pero el Señor sabe cuando hacer llegar lo que prometió y será en el tiempo perfecto. La confianza es clave para no desfallecer, y creer. Así disfrutaremos el tiempo de espera, los procesos que nos maduran y enseñan y vivir a plenitud cada día, disfrutando todas las bendiciones que el Señor nos envía.
      Un abrazo, amiga, que todo lo que esperas llegue a su cumplimiento. Amén!

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