Mujer, Sé Tú Misma

Siendo tan especiales como somos, aún buscamos muchas veces parecernos a las demás; hacer las cosas como ellas, lucir tan lindas como ellas, y que nuestra vida se parezca a la de ellas. Vemos fuera de nosotras un panorama que nos parece atractivo, y medimos nuestro valor por el mérito de las demás. Pero resulta que somos únicas y no tenemos comparación. Nuestra huella digital es muestra de eso. Dios no nos creó parecidas a nadie, así que todo esfuerzo por ser similar a alguien es una pérdida de tiempo. Tampoco Dios quiere que lo intentemos. En el momento que diseñó nuestro embrión, no nos quiso como nadie más. Decidió hacer una mujer única, y le puso las características a Su antojo y deseo. Así le gustamos a El, como somos.

El libro de Cantares es un poema de amor que nos muestra el amor de Jesús por Su Iglesia. Repetidas veces en ese poema dice el escritor: “He aquí que tú eres hermosa, amiga mía, he aquí que tú eres Hermosa.” En Cantares 4:1 nos recuerda Dios lo hermosa que somos para El. Todo intento de ser diferente es una ofensa a Dios quien nos hizo. Es decirle que no estamos de acuerdo con Su creación; que discrepamos con Su diseño. ¿Pero sabrá más el barro que el propio alfarero cómo ha de lucir la vasija?

Lo honramos a Dios cuando dejamos de cambiarnos, y nos entregamos por completo al único cambio que sí debemos procurar, al cambio que el Espíritu Santo está constantemente haciendo en nosotras. Un cambio para perfeccionarnos, y como diamante pulido, brillar con luz propia. No para parecernos a nadie, sino para ser hermosamente auténticas. Dentro de cada mujer hay un tesoro que Dios quiere sacar a la luz para que todos se maravillen. Es el tesoro de un carácter perfeccionado que adorna con su presencia y enriquece el lugar donde se encuentra.

Para permitirle al Espíritu Santo que logre Su obra en nosotras, debemos dejar de luchar ser alguien más. Debemos callar y permitirle al Espíritu Santo hablar; hablar en nuestro interior cada vez que nos dirige en nuestras acciones, palabras y pensamientos. El sabe la voluntad del Padre para nosotras y está en nuestro interior para ser el guía que necesitamos. Debemos callar las voces que imponen sus propios parámetros sobre nosotras. Debemos dejar de sucumbir a las demandas de todos a nuestro alrededor. Debemos eliminar completamente la tendencia a la comparación. No mirar nuestras obras a la luz de las obras de las demás. No tratar de hacer lo mismo por bueno que sea, decir lo mismo por bueno que sea, ni obtener los mismos resultados por buenos que sean.

Nuestras obras deben ser auténticamente nuestras, nuestras palabras deben ser auténticamente nuestras y los resultados serán los nuestros. Esos son los resultados que Dios espera de nosotras. El no quiere ni espera otros resultados, sino los que podemos y debemos obtener siguiendo como guía absoluta la dirección del Espíritu Santo. Entonces viviremos plenamente, impactaremos al mundo a nuestra máxima potencia, y dejaremos nuestro mayor legado. Cuando nos decidimos vivir como quiere el Espíritu Santo, podremos ser nosotras mismas, e impactar a todos con nuestras maravillosas vidas. Seremos como Dios quiere; seremos efectivas y triunfantes; y alcanzaremos todo lo que El tiene para nuestras vidas.

El Espíritu Santo trabaja diariamente en nosotras para perfeccionarnos. Debemos ser pacientes y aprender a escuchar al Espíritu Santo. ¿Cómo? Es una práctica. Se ejercita. Oramos y hacemos silencio, prestamos atención a Su guía. Mientras obedecemos nos hacemos sensibles a Su voz. ¡Es increíble cómo nos habla! Debemos aprender a escucharlo.

Mujer, sigue la dirección del Espíritu Santo y decídete ser tú misma. No te compares con nadie. Sé y haz según el Espíritu Santo te guía.

Dios te bendiga!

 

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