María Recibe Una Misión Única en la Historia

–No tengas miedo, María, –le dijo el ángel–, ¡porque has hallado el favor de Dios! Concebirás y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Lucas 1:30-31          

Dedicar nuestra vida al Señor nos ofrece una madurez espiritual , que aún a temprana edad, nos capacita para aceptar la voluntad de Dios por difícil que sea.

Le ocurrió a María, que siendo una jovencita, asumió una tarea gigante. Durante su vida, a través del servicio y devoción a Dios, se preparó para un gran momento—el momento cuando el ángel Gabriel se le apareció para darle la noticia que sería madre y daría a luz un hijo concebido por el Espíritu Santo, una obra milagrosa que solo Dios puede hacer, con un propósito definido.

El niño nacido de su vientre vendría al mundo para morir por todos los nacidos en él. Por lo tanto, el hijo que vería crecer, cuidaría, y amaría con gran ternura, un día lo dejaría partir y con el dolor de su corazón verlo morir.

María recibió su asignación y la aceptó, con su propia vida en juego, con la deshonra que le podía venir, con el rechazo y desprecio de todos, si José no se hubiera casado con ella.

¿Qué está en juego en tu vida si aceptas el llamado de Dios? Todo llamado conlleva sacrificio, conlleva morir al yo, a nuestros propios planes, nuestros deseos y sueños. Y, ¿cómo sabemos si esa asignación que nos implica tanto, es la voluntad de Dios?

Sería fácil si el ángel Gabriel se nos apareciera y de una nos dijera lo que Dios quiere que hagamos y lo que sucederá con nosotras, pero debemos descubrir ese llamado—descubrirlo en Su Presencia.

No puedo dejar de decir esto lo suficiente: Es importante pasar tiempo con Dios si queremos descubrir el propósito de Dios para nuestras vidas. Él es nuestro Creador, nuestro Hacedor, nos hizo, nos confeccionó, nos diseñó para una tarea específica que nadie más puede hacer como la haremos nosotras.

María nació con una asignación especial, única, nadie más en el mundo llevaría a cabo la misma labor. Nadie haría, ni en miles de años por venir, la misma obra que María. Nadie más, será la mamá del Salvador, quien lo cuidara, atendiera, alimentara, y enseñara. Solo María fue destinada para esta misión, y ella asumió su papel.

Otra cosa que adquirimos en la Presencia de nuestro Hacedor es valentía, fuerza, coraje, valor, para hacer lo que nos encomendó. Las tareas siempre van a ser mayores de lo que podemos hacer por nosotras mismas. Por cada tarea dada por Dios, estará la presencia del Espíritu Santo para ayudarnos. El milagro en la vida de María necesitó de la intervención del Espíritu Santo; pero el Espíritu Santo necesitó de María, el elemento humano, para hacer la obra de Dios.

Dios nos necesita, cuenta con nosotras, nos tiene en mente para una misión. Ahora, ¿cómo vamos a responder? ¿Cómo aceptaremos una obra que nos queda grande? Solamente, con la valentía sobrenatural que el Espíritu Santo nos puede entregar. Y esto sucede en el mismo acto cuando estamos presentes con Dios, totalmente entregados en un tiempo juntos, en una conversación, en un intercambio de palabras, donde expresamos nuestras inquietudes, necesidades, ansiedades, temores, y donde le traemos nuestras peticiones.

También escuchamos. Dios nos habla al corazón. Como mujeres de Dios debemos y podemos desarrollar una relación con Dios donde aprendemos a escuchar Su voz; donde llegamos a ser sensibles; donde Su voz no nos es desconocida ni ajena, sino sentida, cercana, e imprescindible.

Dios nos habla a través de la Biblia–Su Palabra, y nos habla a través del Espíritu Santo a nuestro corazón. Por eso, el tiempo que pasemos con Dios nunca puede ser en apuros, como cumpliendo una meta, en la espera de terminar para hacer las cosas que tenemos que hacer.

Dios, Creador del Universo, nos visita y acude a nuestro encuentro, pero tenemos que estar dispuestas para Él, sin apuros y totalmente receptivas a Su Palabra, Su instrucción y también Su consuelo. El Espíritu Santo nos ministrará según lo necesitemos.

En Su Presencia seremos suplidas, sanadas, fortalecidas, y guiadas. Nada escapa de la Presencia de Dios, todo lo profundo de nosotras conoce y, por lo tanto, cuando venimos a Él, Él utiliza ese tiempo para suplir todas necesidades, mostrarnos nuestro llamado y darnos la valentía para cumplirlo.

María respondió: –Soy la sierva del Señor. Que se cumpla todo lo que has dicho acerca de mí. Y el ángel la dejó.  Lucas 1:38

Como María recibió una misión única en la historia del mundo, fue llena del Espíritu Santo para hacerla, y se entregó con voluntad y valentía a la misma, nosotras también recibiremos nuestra misión específica, la intervención del Espíritu Santo, y las fuerzas para hacerla, en Su maravillosa Presencia, la cual nunca podemos descuidar. Nos es vital, pasar tiempo con nuestro Rey.

Haz tu cita con Él, y cúmplela.

Para más de la historia de María,  lee Lucas 1:26-56

Te invito a leer el Devocional anterior: “Elizabet Alcanzó Su Promesa.” Para otra historia inspiradora.

Dios te bendiga abundantemente y te muestre todo lo que tiene para ti,

Un fuerte abrazo,

Nerlyn Domínguez

2 thoughts on “María Recibe Una Misión Única en la Historia

  1. Leslie says:

    Muy lindo, Nerlyn. Así es Maria es un modelo de valentía y compromiso con ese Sí que cambió la Historia. Ojalá Dios nos regalara esa gracia de tener el coraje para morir a nosotros mismos para vivir en Su Voluntad

    • Nerlyn Dominguez says:

      Amén, Leslie, que Dios nos de la valentía de morir cada día a nuestro Yo, para hacer Su voluntad y que nos de la gracia para hacerla.
      Muchas bendiciones, Leslie, que así haga Dios en tu vida, Amén!

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