Fe Durante la Espera

Hace algunos años ya, Dios puso en mí un sueño. En el transcurso del tiempo, lo ha venido regando con palabras proféticas y confirmaciones internas.  Su visión va aclarando con los años, y por momentos, ha sido clarísima…por momentos. He tenido momentos también de grandes dudas. Las dudas contrarrestan el trabajo de la fe. Con la fe se avanza, con la duda se retrocede. He luchado contra la duda, y tenido grandes victorias, y he avanzado en fe. Pero también, la duda ha ganado sus batallas, y me ha hecho retroceder. Mis dudas se alimentan de mi realidad. Mi fe se fortalece cuando me enfoco en Dios, y creo en Su Palabra.

Vivir una vida de fe vs. duda es ser como ese hombre que describe Santiago que al dudar, es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. Santiago 1.6. La onda del mar no tiene control sobre sí misma, va a donde el viento la dirija. El hombre que duda, va a donde lo lleven las circunstancias de la vida, no establece él mismo su camino y por ende, no puede llegar a su destino. El hombre que no duda, sino que cree, aunque los vientos traten de desviarlo, se mantiene firme en su camino.

Se mantiene firme creyendo que el sueño y la visión de Dios se cumplirá. No es fácil mantenerse creyendo cuando pasa el tiempo y no vemos su cumplimiento. Yo admiro a las personas que cree a toda costa, y que a pesar de todo su fe no mengua. Pero he sido testigo de la paciencia de Dios para conmigo, y me abrazan Sus misericordias todos los días. Sé que a Dios le gustaría verme siempre creyendo, pero creo me entiende en mis dudas, por eso antes que caiga completamente, alimenta mi fe de alguna manera. Lo que más deseo es agradarle, y que Su propósito se cumpla en mí.

A pesar de mis momentos donde dudo si el sueño que puso en mí se cumplirá, le digo como María, Soy la sierva del Señor, que se cumpla todo lo que has dicho de mí. Lucas 1.38 Y leyendo historias de la Biblia me lleno de fe, y me vuelvo a encaminar en el camino que el Espíritu Santo me guía, confiando que El me guiará al destino planeado de ante mano por mi Padre Celestial.

Hay una mujer maravillosa en la Biblia, que también tenía un sueño y una promesa de parte de Dios. La profetiza Ana pasaba en el Templo todos los días de su vida. Había quedado viuda hacía ochenta y cuatro años, y se mantenía en oración, ayuno y servicio a Dios. Me imagino tenía en su corazón el sueño dado por Dios que vería en vida al Mesías prometido. Los años pasaban y el Mesías no llegaba. ¿Habría dudado? Si dudó o no, no lo sabemos, pero sí sabemos que el sueño se cumplió, a su justo tiempo. Y Ana vio al niño, y lo reconoció, y daba testimonio de El a todos los que llegaban al Templo. Quizás en el corazón de Ana hubo por muchos años un sueño que a sus largos años aún faltaba por cumplirse, quizás reconocía en su corazón una misión que le faltaba por realizar, pero no ver su cumplimiento no la detenía a vivir una vida consagrada, de servicio y entregada por completo a Dios.

Un buen día se levantó y como de costumbre fue al Templo a servir a Dios. Creo ese día pudo haber tenido en su corazón una sensación diferente como de que algo extraordinario estaba por pasar. Y efectivamente, ese día vio con sus propios ojos al Salvador del mundo, y profetizó a todos, que el Mesías prometido ya había nacido. Después de este momento, pudo descanzar, sabiendo que el mayor propósito de su vida habia sido cumplido.

De Ana aprendemos que no debemos dudar aunque tarden los sueños en cumplirse. Cuando Dios pone algo en nuestros corazones se cumplirá. Debemos como Ana mantenernos viviendo una vida de consagración a Dios, y que a pesar de la demora, la duda nunca venza a la fe, porque a su tiempo, las promesas de Dios se cumplirán.

Nuestra tarea es decir, como María dijo: “Soy la sierva del Señor, que se cumpla todo lo que has dicho de mí.” Lucas 1.38 Y esperar.

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