Una Mujer Lucha por su Bendición, Parte 2

Esta es la continuación de Una Mujer Lucha por su Bendición, parte 1, para leerlo presione aquí.

–¡Buena respuesta! –le dijo Jesús–. Ahora vete a tu casa, porque el demonio ha salido de tu hija. Marcos 7:29

A Dios no le molesta la insistencia. Cuando lo que pedimos es algo bueno, es lo justo, es correcto, y tiene beneficios, debemos seguir pidiendo. La oración es constante, es parte de nuestra vida, debemos hacerla todos los días. Todos los días pedir por nuestra salud, nuestros hijos, nuestro matrimonio, nuestros hogares, y por situaciones especiales que todos cargamos en la vida. La esperanza nos anima en la oración, sabiendo que, si somos constantes, el Señor nos dará lo que le pedimos, pero no podemos rendirnos. En Jesús siempre hay esperanzas, en Él siempre hay solución, y Su poder se hace manifiesto en un momento dado, en el preciso, pero llega si no desmayamos.

Cuando ella llegó a su casa, encontró a su hijita tranquila recostada en la cama, y el demonio se había ido. Marcos 7:30

Un final feliz, un milagro hecho, un deseo realizado, un regalo obtenido, fue el desenlace de esta historia, de la historia de una mujer determinada a luchar por lo que necesitaba y tanto deseaba; el desenlace de la historia de una mujer de fe, de virtud, de valor, de templanza, que no se paraliza ante nada, que no se detiene hasta conseguir su sueño, que sabe cómo obtenerlo, que sabe a quién pedirlo, y que sabe esperar, luchar, y continuar hasta llegar al fin deseado.

¿Qué deseamos ? ¿Qué habita en nuestra alma como un deseo profundo y como un sueño deseable? ¿Hay algo que necesitamos?  ¿Algo que deseamos alcanzar? ¿Sanidad? ¿Un milagro? ¿Un sueño?

Todas tenemos algo y alguien por quién luchar—un familiar, los hijos, el esposo, por nosotras mismas. Todas tenemos un sueño latente que nos impulsa a luchar por él. Todas tenemos algo que deseamos, que nos gustaría ver realizar. Entonces, seamos como esta mujer, que ni el nombre sabemos, solo sabemos de la región que era, y que tenía una hija con un gran padecimiento y con una gran necesidad; pero por el relato de la historia también podemos saber que era una mujer con una gran fe, con un gran coraje, con una gran valentía; con una determinación a luchar hasta alcanzar su propósito, llevara el tiempo que llevara, y haciendo resistencia ante la negativa, los obstáculos, y las condiciones que le mostraban un panorama desalentador.

La paciencia, la espera, la constancia, la firmeza, la convicción, la resistencia, son todas virtudes que harán una gran diferencia en nuestras vidas. Determinarán si alcanzaremos lo que deseamos o no. Si nos detenemos a la primera negativa, ante la primera crítica, ante la oposición, entonces, ahí nos quedaremos, y nuestro deseo será parte del pasado, de un sueño que nunca se concretará, que nunca sabremos cómo hubiera sido, si lo hubiéramos seguido intentando.

Nunca debemos detenernos, ni en nuestras oraciones, ni en nuestra lucha diaria por lo que queremos. Debemos ser mujeres determinadas e inconmovibles, firmes en nuestra posición y con valentía luchar por lo que queremos, separando de nosotras todo lo que nos limita e intenta detenernos.

Si venimos a Jesús como esta mujer lo hizo, si insistimos a Sus pies, si rogamos por Su intervención, si clamamos pidiéndole ayuda, si Él tiene el poder para hacerlo, qué y quién puede impedirnos llegar a nuestra meta.

No quiero decir que ya haya logrado estas cosas ni que ya haya alcanzado la perfección; pero sigo adelante a fin de hacer mía esa perfección para la cual Cristo Jesús primeramente me hizo suyo.” Filipenses 3:12

El apóstol Pablo conocía la constancia, conocía lo que quería, y tenía la determinación de luchar cada día hasta conseguirlo. Nosotras tenemos la misma capacidad espiritual de luchar con constancia y firmeza por lo que queremos, por lo que deseamos ver cumplir, así que, si proseguimos sin parar, también llegaremos a nuestra meta.

Otra cosa que identificó a esta mujer y que nos debe identificar a nosotras es no tener temor del qué dirán, de ser juzgada, de ser rechazada, ni de fracasar. Debemos vencer el temor con el dominio propio que tenemos en Jesús, dado por el Espíritu Santo.

Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor, y autodisciplina. 2 Timoteo 1:7

Esta historia maravillosa nos muestra que podemos y que somos capaces de alcanzar grandes cosas. Para ello debemos venir a Jesús, mantenernos firmes y constantes, sin temor y sin retroceder. Así, avanzaremos y alcanzaremos, a través de nuestra fe, aquello por lo que luchamos. En Cristo tenemos victoria segura y un final satisfactorio.

Tenemos en la Palabra muchas verdades escondidas que nos son de ayuda, fuerza, e inspiración, para luchar por lo que queremos y deseamos. Debemos descubrir en la Palabra esas historias de mujeres como nosotras, sencillas, y que enfrentaban las mismas luchas y los mismos retos, para ver en ellas el coraje demostrado, la valentía desplegada, la seguridad y convicción, cuales podemos tener nosotras también, para como ellas, ser victoriosas en el área por la que luchamos.

Con todo mi cariño,

Nerlyn Domínguez

Dios la bendiga en su viaje de lucha y entrega, ¡Amén!

4 thoughts on “Una Mujer Lucha por su Bendición, Parte 2

  1. Mirna says:

    Q bello!🙏🏻 Amen!WOW! Nerlin este tema es tan valioso!
    Siiiiii… Dios nos da esa fuerza para alcanzar todo..
    Con el todo se puede! Amen! 😘gracias

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