Estancada por el Miedo

¿Has estado estancada por el miedo? El miedo es un gigante fuerte que se presenta entre nosotras y nuestro deseo. Sabemos lo que queremos, lo vemos a lo lejos, damos un paso para llegar a él, pero… nos recibe el miedo. Del otro lado de nuestro gigante está lo que queremos. Hay una sola forma de llegar a él: cruzando el gigante del miedo. El problema es, que es grande y fiero. Es notoria su fuerza. Demuestra estar acostumbrado a pelear y que no le gusta perder. Parece haber derrotado a todas sus víctimas, y pensar de nosotras que pronto seremos las próximas vencidas. Lo miramos fijamente, contemplamos nuestro deseo, aquello que queremos alcanzar, analizamos todas las  probabilidades, y nos damos cuenta que hay una sola solución, la de pelear con el gigante del miedo.

A fin de cuentas contamos con Uno que es mayor que el miedo: Jehová de los Ejércitos. Jeremías dijo: “Más Jehová está conmigo como poderoso gigante” (Jeremías 20:11). ¿Y podrá ser un sentimiento inspirado por nuestro enemigo más grande que el Creador del Universo? Ante el gigante del miedo se levanta por nosotras un gigante tan grande, que se convierte el miedo en un enano insignificante, desvalido e indefenso. Con la punta del dedo nuestro gigante guerrero, derrumba y aplasta a aquel que parecía fiero. Se acaba su fuerza, queda destruido, sin poder levantarse, delante de nosotras cae totalmente vencido.

Y él, que pensaba destruirnos. ¿Qué pasaría si le hubiéramos creído? ¿Qué pasaría si el miedo que nos daba nos hubiera detenido? El miedo nos estanca, nos impide alcanzar lo que está tan cerca; casi, casi, lo podemos tocar. Si dejamos que ese que parece fiero, nos haga pensar que no podemos vencerlo, que nos convenza que su fuerza es mayor a la nuestra, si le creemos, permaneceremos estancadas, esperando por siempre el sueño. Ahí, como por un cristal, podremos verlo, pero si no nos atrevemos a pelear con el gigante del miedo, por siempre de lejos lo miraremos.

No tiene que ser así. No tenemos por qué creerle al gigante del miedo. El más grande gigante con nosotras está, solo tenemos que creerlo. Isaías dijo: “El Señor me dio una firme advertencia de no pensar como todos los demás. Me dijo: No llames conspiración a todo, como hacen ellos, ni vivas aterrorizado de lo que a ellos les da miedo. Ten por santo en tu vida al Señor de los Ejércitos Celestiales; El es a quien debes temer. El es quien te debería hacer temblar. El te mantendrá seguro” (Isaías 8:12-14). NTV

Cuando le creemos a Dios la historia cambia, nos sonríe la victoria, el triunfo es nuestro. Cuando miramos a Dios, nos enfrentamos con valor al miedo, delante de nuestros ojos se va haciendo cada vez más pequeño. Entonces, alcanzar con nuestras manos lo que queremos es cosa segura. Quizás haya otros gigantes impidiéndolo. Para todos ellos la solución es la misma, ponerlos cara a cara con el mayor de los guerreros: Jehová de los Ejércitos, el que pelea por nosotras, ante el cual, todos los gigantes se hacen pequeños. Solo los que se humillan ante Su Presencia son exaltados y engrandecidos para alcanzar sus sueños.

Por lo tanto, no permitas que ningún gigante te robe la posibilidad de alcanzar tus sueños. No se te ocurra retroceder y tirar la toalla teniendo la victoria a la vuelta de la esquina. El miedo no quiere que pienses que lo puedes vencer, pero la verdad es que ya está vencido. Solo Jehová tiene la victoria, y es nuestra, con nosotras la ha compartido. ¿Te atreves a creer? Jesús dijo: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23). Alcanzar todo lo que se desea es posible, así que pelea, tu gigante está vencido. No te guíes por las apariencias, no todo lo que se ve, es lo que aparenta. Para ver la verdad hay que mirar con los ojos de la fe. Si tienes fe, puedes vencer. David creyó que podía vencer al gigante, y nada se lo impidió.

Cree, avanza, lucha, vence y alcanza.

Con valor,

Nerlyn Domínguez

 

 

 

 

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